Cómo desnudar a una mujer con un saxofón

No es fácil.
El aire que sale del estómago
debe traer
la sal del mar.
Las llemas de los dedos
deben hablar
de palmeras
de membrana a surco
o de soles que trabajan
de noche.
Los sonidos,
agua y metal,
casi vena,
deben confundir
oído y hombro,
y descender las rodillas
con la misma suavidad
de quien maneja
un chevrolet 53
a 30 millas por hora,
en un freeway de Los Angeles.
Los ojos deben permanecer
cerrados
hasta que la noche
tenga 24 horas,
la semana más de siete días
y no existe la palabra
desempleo.
Y entonces,
abres los ojos,
y quizá
encuentres la sonrisa
de ella.
Pero esto no significa
más que un categórico
saludo de hola,
quihúbole,
what´s going on, ese,
porque también
en la plusvalía
hay pasión.