Cómo desnudar a una mujer con un saxofón No es fácil. El aire que sale del estómago debe traer la sal del mar. Las llemas de los dedos deben hablar de palmeras de membrana a surco o de soles que trabajan de noche. Los sonidos, agua y metal, casi vena, deben confundir oído y hombro, y descender las rodillas con la misma suavidad de quien maneja un chevrolet 53 a 30 millas por hora, en un freeway de Los Angeles. Los ojos deben permanecer cerrados hasta que la noche tenga 24 horas, la semana más de siete días y no existe la palabra desempleo. Y entonces, abres los ojos, y quizá encuentres la sonrisa de ella. Pero esto no significa más que un categórico saludo de hola, quihúbole, what´s going on, ese, porque también en la plusvalía hay pasión. |